Piensa en ti mismo. Habla de ti. Usa el pronombre �Yo� tanto como sea posible. Preocupate constantemente por las opiniones que los demás tengan de tí. Escucha ávidamente lo que la gente dice de tí. Espera ser apreciado. Sé sospechoso. Sé celoso y envidioso. Se sensible a los actos de descortesía. Nunca perdones una crítica. No confies más que en tí. Insiste en obtener la concideración y el respeto de los demás. Exige que los demás estén de acuerdo con tus puntos de vista en todo. Ponte de mal humor cuando la gente no te agradezca los favores que les has hecho. Nunca olvides los servicios prestados. Si puedes elude tus responsabilidades. Has lo menos posible por los demás. Vernos a nosostros mismos como el centro del universo conduce a la infelicidad. No fuimos hechos para ser el centro de nuestra propia atención. Si te identificas con algo de lo dicho arriba, empieza a vaciar tu vida y haz que Jesucristo la llene, es la única fuente de verdad, paz y felicidad duradera. |